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VIRGINIA

lunes, octubre 20, 2008



Su voz suena lánguida a veces, y en los oídos es como una caricia de yemas húmedas.

Sonríe cada vez que puede y la soledad se estremece; queriéndose suicidar de alegría.

Es un don, el de su convicción y deseo. Es un cambio de luz, del atardecer a la noche; de la noche al ocaso. Su abrazo es blando y huele a rosa mosqueta, a desvanecimientos. Es una noche de estrellas tornasoladas y de partes caídas de la luna.


Su boca es una chispa de Hefesto. Un trocito de fragua del infierno, que sólo puede ser apagada con los besos esperados.


Con ella quiero cosechar el beso que crece en la penumbra.


¿Por qué me pasa que decirte lo que siento no me impide sentir lo que digo?


Tal vez porque mi vida de hoy sea un infinito de infinitivos, y la atmósfera galvanizada que te rodea sea un buen lugar para comenzar.


Mirarte hoy, aún no habiéndolo hecho, es prometerme encontrarte cuanto antes.


Cuando la madrugada adopta su nombre real, el de la oscuridad insondable, te pienso. Como siempre, como nunca.

Alterar las leyes invictas del tiempo y la materia… comenzar a besarte tu piel blanca y suave por ese lunar que me mira desde tu espalda, asumir que tus pechos son el tapete donde apuesto lo que tengo y lo que nunca tendré.


Recalar en el hueco, en el vértice que tu cabello le presta a tu cuello, y quitarte esas ideas de la cabeza para liberar tu pelo rebelde de sus oprobiosas cadenas.


Rellenar los hoyuelos de tus mejillas con jarabe de besos, recorrer las venas de tus manos con la punta de la lengua, morderte la nariz a traición, y pintarte los párpados con saliva. Y hundirme hasta el ahogo en tus ojos profundos y dulces. Hundirme y no querer salir, como quien elige una ciénaga para siempre.


Ser un esclavo de la textura de tus codos, infringir las reglas de tu ombligo, esconder mi voz por un largo rato en la palma de tu espalda, masajear con aceite tus riñones, y beberme valiente el ricino de la idea de que aún no estás sola.


Morirme un poco cada vez que escucho tu voz, levantar las banderas de mi amor, como se levanta un teléfono, y se marca tu número.


Rapiñarle a la jornada un instante para sentirme tan tuyo que la sangre deja de fluirme para fluirte.


Morder tus labios habrá de ser un big bang doloroso y urgente.


Y aquí estoy, enconado de ausencia; encañonado por el deseo de acurrucarme en tu cama, aún tibia para quedarme con lo poco que quede de tu calor, mientras te oigo ducharte, pared de por medio.


Me propongo no dejarte ir bajo ninguna circunstancia, romper un tálamo bajo el peso de nuestros deseos cumplidos, y seguir cumpliéndolos en el suelo, o en un rincón libre de recuerdos.


Caminar con mis pies desnudos sobre el suelo mojado del alborozo que será abrazarte oyendo la lluvia tenue de los escaparates, que no muestran nada que me interesa, porque todo lo que quiero comprar son tus suspiros.


Aterrizar mi boca en tu frente amplia, sosegada, y llenártela de besos y turbulencias.


Comprender, que al fin y al cabo el universo empieza y acaba en tu escote, citarme con vos en un lugar que no existe, para hacer las maletas a algun lugar que nos encanta visitar. Y que no nos importa cómo se llama.


Alfombrar el suelo donde pisás, para que la carga estática que te atraviesa me enseñe que la fricción con tu piel es la única forma de escapar de este interminable deseo de hacerte el amor en todas las paradas del autobús, en todos los mares del planeta, en cada selva lluviosa, en la continuidad de los parques, sobre el jardín donde crecen las flores del mal.


Confiar en que tus besos, como los que describe el poeta ciego, detengan el tiempo.


O como dice Lope, que besarte sea desmayarse, atreverse, estar furioso,aspero, tierno, liberal, esquivo,alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso…


O como la Reina de las Nieves, que besarte me paralice el alma.


Porque nadie me impide pensarte como lo hago, de un modo más que grave, esdrújulo.


Y no querer curarme nunca de esta enfermedad asombrosa que me llena de sangre las venas…


Y hacerte desaparecer los miedos para invitarte a otro cortado en jarrita en cualquier bar de Belgrano. O comerme tu piel con albahaca y ron.


O simplemente, hacer lo que estoy haciendo.


Esperar a que despiertes algún día, y vengas a mi encuentro.

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posted by A-X
lunes, octubre 20, 2008

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